lunes, 5 de septiembre de 2011

Música y Revolución.

Abrí mis ojos y supuse que ese no sería un domingo común y corriente, el aire era distinto, se respiraba una extraña, pero a la vez, dulce mezcla entre alegría y revolución. 
La gente recorría el parque feliz quizás augurando que ese sería un gran día, un día para recordar. 
Familias completas, estudiantes, volantines, pelotas, remolinos, banderas, pancartas, música, mucha música marcaron ese domingo especial. 
Se me vienen a la cabeza muchas imágenes, muchos rostros, rostros de niños que quizás no entendían el verdadero motivo de ese encuentro, rostros de padres y abuelos que al mirarlos atentamente nos hacían sentir su emoción… Es que era inevitable no emocionarse, si los estudiantes otra vez hacían de las suyas, en el más hermoso encuentro familiar, donde nadie podía sentirse ajeno, donde todos éramos uno, donde todos éramos una gran familia. 
A lo lejos se escuchaban los vítores de los estudiantes y en fracción de segundos éramos una sola voz clamando por lo mismo, todos juntos al mismo acorde. 
Un domingo musical, un domingo familiar, un domingo revolucionario, un domingo, donde tú y yo salimos de nuestras casas para compartir con el resto, para demostrar que la lucha es de todos, que nadie se queda ajeno, y que todos estamos deseosos de un futuro mejor. 
Sin duda, aquel domingo 21 de agosto quedará en la retina de todos como un fin de semana revolucionario y musical, donde todos juntos levantamos los brazos en señal de lucha, donde todos juntos, fuimos simple y llanamente uno. 
































Texto: Cynthia Montecinos / fotografía: Rodrigo Carrasco

domingo, 28 de agosto de 2011

24 y 25...

24 y 25...
...Siendo un joven de provincia, no quise estar ajeno a no que pasaría en la capital de mi país. A eso de las 6:30 de la mañana tome un bus rumbo a dicho lugar, sabia que serian dos días muy complicados... manifestaciones por doquier, donde ir, cual cubrir, era la pregunta para el primer día. Así que solo camine con una pequeña idea de lo que aquel día podía ocurrir, a eso de las 10 de la mañana sin darme cuenta me vi afuera de un colegio donde luchaban estudiantes policías, fueron minutos tensos (donde lo q mas me llamo la atención  fueron unos ojos temerosos)... Pero luego regreso la calma.
Seguí mi camino por las calles de Santiago hasta encontrarme con un pequeño grupo de personas me uní a ellos, en el camino vi de los automóviles salir banderas y escuchar sus bocinas sonar apoyando a este pequeño grupo de gente que caminaba por la calle principal. Hasta que sin esperarlo, empezó a sentirse en el ambiente aquella sensación de que algo venia... Gente corriendo fue la primera señal, piedras, agua y gas (de ese que te ahoga y te hace botar lagrimas) la señal irrefutable de que la lucha estaba desatada. Vi a unos cuantos ser llevados a esos buses color verde, otros que se escapaban por su agilidad y otros tantos ser rescatados por sus compañeros, como si se tratara de un juego.
...El día continuaba y el ambiente era pesado esa mezcla de incertidumbre y tranquilidad, que te hacia reaccionar a cualquier señal, hasta que en un momento me vi dentro de una universidad viendo todo lo que pasaba seguía "el juego" gente corría buscando aire libre de aquel gas sofocante, otros mas valientes devolviendo esas latas llenas de humo a esas personas que las arrojaban de partida, piedras y palos la compañía perfecta a aquellas latas voladoras... La orquesta perfecta para la situación, el son de piedras sonando contra el blindaje de grandes camiones encargados de mojar, refrescar y golpear con el liquido de su interior...
Así fue, así fueron dos días en que un pueblo alzo su voz, salio a la calle a exigir lo que les corresponde... Un pueblo que esta cansado de abusos del que tiene mas poder.

Solo puedo decir... "Arriba los que luchan , arriba el pueblo Chileno".
Ante ellos, Me saco el sombrero y les muestro mi respeto.




























                                                                                                                                           Fotografía y texto: Rodrigo Carrasco